Los
datos mencionados han sido proporcionados por la embajadora
de
Bolivia en España, Carmen Almendras. “Hay
un colectivo aproximado
de 350 mil personas en España, de los cuales 1.300
son detenidos al
mes y a algunos de ellos se les inicia el trámite
de expulsión. Datos oficiales
con los que cuentan y que a la vez son cruzados con los
datos oficiales
del Gobierno de España”, indica la diplomática.
La embajadora precisa que al menos 250.000 compatriotas
suyos en España,
de los 350.000 que se cree viven aquí, no tienen
papeles de residencia.
Cuando un extranjero no posee esta documentación
y un policía se la pide,
hay tres posibilidades, porque todo depende de la discrecionalidad
del agente.
La primera opción es que no ocurra nada, y el extranjero
siga su camino
tras una llamada de atención. La segunda posibilidad
es que la persona en
cuestión sea llevada a comisaría y allí se
le abra un expediente de expulsión
que, dependiendo de los plazos transcurridos y
de los recursos y fundamentos que para su estancia
pueda encontrar, el extranjero finalmente permanezca
en España o, si hay mala suerte, sea al
final deportado. La tercera opción es sin duda la
más triste: el agente de policía tiene la
potestad de
llevar detenido al extranjero sin papeles
y proceder a su expulsión en el mismo día.
En lo que llevamos de 2008, más de 10.000 bolivianos
han recibido
cartas de expulsión. Y es que se han intensificado
los controles, aleatorios
o no, que realizan los agentes en las calles de las grandes
ciudades,
principalmente.
El ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino
Corbacho, asegura
que no hay una política determinada de realizar
redadas “anti-inmigrante”.
Pero lo cierto es que en el último año se
han multiplicado las
solicitudes masivas de documentación a grupos de
extranjeros que
son requeridos por la Policía al salir, por ejemplo,
de restaurantes y
otros puntos de reunión, generalmente los fines
de semana.
Este hecho, perfectamente conocido por colectivos como
el boliviano,
está generando una preocupante situación
de alarma, inseguridad
e intranquilidad en la colonia boliviana.
La mayor parte de estas personas trabajan en España,
como lo sabe
cualquier inmigrante; los extranjeros no pueden darse el
lujo de no
percibir ingresos, y menos cuando no tienen papeles ya
que en ningún
caso reciben subsidio de desempleo.
Es la contradicción flagrante de las leyes y de
la sociedad españolas.
Por un lado necesitan a los inmigrantes pero por otra parte
les ponen
las cosas muy difíciles y les obligan a pagar un
peaje demasiado
caro, en muchos casos, que puede llegar a la deportación.
Los españoles,
empezando por el Gobierno, son plenamente conscientes de
que hay en España inmigrantes sin papeles haciendo
los trabajos que
los españoles ya no quieren realizar; si no, ¿para
qué existe el arraigo
social y el arraigo laboral?
El caso es que en los últimos meses centenares de
bolivianos son detenidos en lugares como parques, paradas
de
autobús o bocas de Metro.
Esperando que pase el tiempo
Recientemente estuvo en España David
Choquehuanca, ministro de Relaciones Exteriores
de Bolivia. Ante la prensa informó que había
tratado
con su homólogo español, Miguel Ángel
Moratinos, el caso de los bolivianos en situación
irregular. En un primer momento dijo que había
logrado que el Gobierno Español regularice a sus
compatriotas. Pero, por lo visto, fue un lapsus, una
confusión entre deseos y realidad. Porque la embajadora
Almendras rápidamente se ocupó en aclarar
que no era así, y que en España continúan
vigentesúnicamente las regularizaciones caso por
caso.
Almendras ha indicado, optimista, que “si las normas
españolas no cambian, tenemos figuras sociales
como el arraigo social, laboral y el reagrupamiento
familiar, medidas que podrían beneficiar al
colectivo y si el último boliviano indocumentado
ingresó el 2007, para el 2010 la mayoría
tendrá que
estar regularizado caso por caso”.
Mientras pasa el tiempo, pues, y los bolivianos
esperan pacientemente a lograr sus dos años de
estancia en España para pedir arraigo laboral
o sus
tres años para pedir arraigo social, el riesgo
de
detención y deportación es una ruleta rusa.
El miedo
Edwin Carhuamanca nos cuenta que un amigo
suyo, procedente de Cochabamba, fue deportado
recientemente. Fue detenido un domingo al salir de
un restaurante, donde había pasado el día
con amigos
compatriotas suyos. “Fue terrible. Ni siquiera
le
dejaron ir a su casa para recoger sus cosas mínimas
personales. Estos casos abundan últimamente.
Nadie sabe por qué les toca a nos sí y
a otros,
felizmente no. El que menos conoce a un amigo o
incluso familiar que ha sido expulsado. Por eso
ahora la gente tiene miedo, la gente prefiere no salir
los fines de semana. Nos pasamos de lunes a viernes
trabajando duro y ahora resulta que ni siquiera
podemos distraernos sábado y domingo. Digan lo
que digan la policía está al acecho, esperando
justamente
los fines de semana. Se ve que saben
dónde se reúne la gente”, indica.
Mónica Toledo, de La Paz, trabaja como interna
cobrando 700 euros mensuales en una casa en la
que debe limpiar, cocinar y cuidar de un niño
pequeño. Señala: “Todo el mundo sabe
que los
bolivianos generalmente no tenemos residencia.
Por eso es que nos pagan por debajo de lo que
corresponde. Sin embargo siento que nadie hace
nada para que nos regularicen, aunque nos necesitan.
Encima ahora tenemos que cuidarnos de no
salir a sitios públicos los días de descanso
porque
hay riesgo de redadas contra los inmigrantes” ● |